Chelsea perdió como local por 2 a 0 ante Tottenham el sábado 24 en Stamford Bridge. Los equipos se fueron al descanso sin goles, en una primera mitad en la que los locales también tuvieron oportunidades para inquietar a Kinsky.

La apertura llegó a los 31 minutos del segundo tiempo: Mike Penders salió mal tras un córner y terminó enviando la pelota a su propio arco. Poco después, Chelsea sufrió la expulsión de Cole Palmer. Mathys Tel aprovechó los espacios y convirtió el segundo tanto de los visitantes.

Para este encuentro, Xabi Alonso no contó con João Pedro, ausente por lesión, y ubicó a Morgan Rogers como una especie de falso nueve. Geovany Quenda también integró la formación titular.

Desde una lectura táctica, la elección de Rogers merece reparos: su participación en la elaboración no compensó la falta de profundidad y presencia en el área. El cuestionamiento al plan inicial pasa por esa dificultad para convertir la circulación de pelota en situaciones de peligro, incluso antes del gol en contra.

La coordinación de la presión es otro punto para revisar. Bajo esa mirada, Chelsea no consiguió sostener una recuperación alta organizada y el equipo de Roberto De Zerbi encontró caminos para avanzar una vez superada la primera línea. El problema colectivo, por lo tanto, no puede reducirse a los episodios del tramo final.

También cabe discutir el momento de los ajustes: Alonso mantuvo la estructura al regresar del descanso y las modificaciones llegaron después de un período favorable a Tottenham. Eso no significa que Chelsea estuviera completamente dominado ni que la derrota fuera inevitable, pero sí permite cuestionar la respuesta del banco ante las dificultades del planteo.

El gol que abrió el partido se sumó a los tantos recibidos por Chelsea en acciones de pelota parada: el equipo acumula ocho en la Premier League.

La responsabilidad táctica de Alonso debe distinguirse de la ejecución de Penders y de la expulsión de Palmer. En esta evaluación, ambos episodios empeoraron un funcionamiento que ya ofrecía motivos de revisión; no explican por sí solos la caída. La crítica alcanza al planteo, los tiempos de las correcciones y la organización defensiva en la pelota parada, sin convertir una derrota en un juicio definitivo sobre el entrenador.