Philipp Lahm cuestionó el alejamiento del Manchester City de las raíces del fútbol, aun cuando destacó su juego bajo la conducción de Pep Guardiola. En una columna publicada el miércoles 21 de octubre en The Guardian, el exlateral y excapitán de Alemania planteó que los títulos no pueden justificar eventuales infracciones. Para él, el debate financiero también debe contemplar la relación de los grandes clubes con los hinchas y la sociedad.
Las acusaciones por infracciones financieras de la Premier League abarcan el período 2009-2018. Una comisión independiente declaró culpable al City en 114 de los 115 cargos. El club sigue negando irregularidades y apeló la decisión: el resultado de ese recurso definirá los próximos pasos del caso.
Según Lahm, el gasto del City habría superado en casi mil millones de euros lo que tenía permitido y había declarado. Aunque consideró que, visto desde afuera, su comportamiento no fue esencialmente distinto al de otros cerca de diez grandes clubes europeos, cuestionó la legitimidad de los logros asociados con infracciones. Por eso reclamó que la Premier League combata la competencia desleal sin hacer diferencias por el peso deportivo de los involucrados.
Su reconocimiento futbolístico al City no se limitó a Guardiola. Lahm destacó que Kevin De Bruyne, Rodri e Ilkay Gündogan encontraron en Manchester las condiciones para elevar su nivel. A su entender, esa capacidad de desarrollar jugadores distinguió al equipo de otros proyectos enfocados en incorporar a las figuras más cotizadas.
Sobre el entrenador, remarcó que sus equipos tienen una identidad tan definida que podrían reconocerse sin distinguir las camisetas ni ver una transmisión en colores. Ese elogio al juego, sin embargo, no modificó sus objeciones al modelo institucional.
Lahm propuso como contrapunto la regla alemana del 50+1. Bajo ese esquema, la mayoría de los votos de las sociedades deportivas debe quedar en manos de los clubes, lo que preserva la influencia de sus socios. Los inversores privados pueden aportar capital, pero su poder de decisión queda limitado. El modelo busca sostener la relación con la comunidad, sin impedir las inversiones ni excluir los intereses comerciales.
La aplicación de ese principio también está en discusión. En agosto de 2026, el organismo federal alemán de defensa de la competencia ratificó que podía mantenerse, aunque señaló que debía aplicarse con mayor consistencia.
Los estadios son, para Lahm, espacios de convivencia y discusión pública que requieren preservar el vínculo con los hinchas. Considera que la participación de estos es esencial para la cultura deportiva alemana. También advierte que el fútbol pierde parte de su relevancia más allá de los resultados cuando su élite se distancia de las bases sociales.
Para fiscalizar el fútbol, Lahm defendió la independencia y el compromiso con el interés colectivo. En esa tarea, sugirió dar preferencia a entidades como la UEFA por su carácter no lucrativo, frente a organizaciones que anteponen los intereses comerciales.
La FIFA y su presidente, Gianni Infantino, también recibieron críticas de Lahm. A su juicio, algunas de sus iniciativas favorecen que las ganancias del fútbol queden en manos privadas y que las reglas se flexibilicen para beneficiar a figuras influyentes. Vinculó ese cuestionamiento con el caso del City: para él, también los más poderosos deben cumplir las normas para que el deporte conserve su credibilidad.





