El Tottenham no necesita resignar el césped natural para recibir recitales y otros eventos en su estadio: un mecanismo retráctil permite retirarlo y disponer de una superficie sintética en 25 minutos. La cancha de fútbol queda así protegida durante los espectáculos.

Esa solución fue uno de los ejes del debate entre Nelson Coltro y Tim Vickery en el programa Futebol em Contexto. Coltro comparó el caso inglés con las arenas brasileñas construidas en los últimos 10 o 12 años, también concebidas para el entretenimiento. Entre ellas mencionó al Nubank Park, al nuevo estadio del Atlético Mineiro y a la Arena da Baixada del Athletico Paranaense.

Para Coltro, la discusión no pasa por permitir espectáculos en los estadios, sino por la superficie sobre la que se juega. Defendió el césped natural y consideró una aberración la cantidad de canchas sintéticas en Brasil. Destacó que Tottenham dispone de una superficie para el fútbol y otra para los recitales.

Inaugurada en abril de 2019, la arena del Tottenham costó 1,2 mil millones de libras y fue proyectada para ofrecer entretenimiento más allá del fútbol. Su actividad incluye un contrato de diez años con la NFL para recibir dos partidos por temporada, además de recitales, combates y rugby. El complejo también cuenta con una pista de karting y un pequeño centro comercial.

Vickery explicó que esa diversificación busca hacer viable un estadio nuevo, grande y caro. A su entender, no es una necesidad general del fútbol inglés: los ingresos de la actividad, especialmente los derechos vendidos a todo el mundo, permiten que el negocio tenga al fútbol como eje sin recurrir necesariamente a ese modelo.

El periodista inglés valoró que el sistema permita organizar recitales sin perjudicar el campo, pero señaló otro posible costo: la pérdida de identificación de los hinchas. Consideró que el fútbol tiene un fuerte componente territorial y que una agenda excesiva de eventos puede hacer que el público perciba el estadio como un espacio de intereses corporativos, en lugar de sentirlo como su casa.

En ese aspecto, Vickery juzgó menos traumática la mudanza del Tottenham porque el nuevo estadio se levantó junto al antiguo White Hart Lane, sin salir del barrio. Aun así, cuestionó si la cantidad de espectáculos no termina debilitando ese sentido de pertenencia.

El Arsenal también llegó a discutir la posibilidad de convertir el Emirates en una arena multiuso, aunque por ahora se muestra poco abierto a esa transformación.

Vickery cerró con un pronóstico que calificó de muy deprimente: planteó que quizá dentro de 20 años, con el Arsenal como el club más grande de Londres por amplia diferencia, Tottenham necesite organizar recitales todos los días para equilibrar sus cuentas y sostenerse.