Tim Vickery cuestionó que los números y los títulos desplacen al atractivo del juego en la elección del Balón de Oro. Durante una charla con Nelson Coltro en Futebol em Contexto, el periodista inglés sostuvo que las estadísticas no pueden expresar aquello que deslumbra de un futbolista y vinculó esa tendencia con una influencia de los deportes estadounidenses.

El premio contempla el rendimiento individual, los logros colectivos y la clase y el juego limpio, según los criterios oficiales de France Football, pero no establece un peso para cada apartado. Para Vickery, ese esquema deja la decisión en manos de la interpretación de cada jurado y vuelve totalmente subjetiva la elección.

Ronaldinho fue su referencia para defender una valoración que no dependa de las copas. El 19 de noviembre de 2005, el brasileño hizo dos goles ante Real Madrid en el Santiago Bernabéu y recibió los aplausos de la hinchada rival. Días después ganó el Balón de Oro, sin haber conquistado la Champions ni el Mundial en esa temporada o en la anterior. Vickery destacó que su influencia sobre quienes se enamoraron del fútbol al verlo jugar excede esos resultados.

Los ganadores recientes ofrecen un contraste: Benzema obtuvo el premio en 2022 con la Champions; Messi, en 2021 y 2023, con la Copa América y el Mundial, respectivamente; Rodri, en 2024, con la Eurocopa; y Dembélé, en 2025, con la Champions. Consultado sobre las posibilidades del Ronaldinho de 2005 bajo los criterios actuales, Vickery admitió que quizá podría ganar si no tuviera enfrente a un candidato con un gran título.

Para explicar qué puede quedar fuera de una estadística, Vickery recordó una escena en el Maracaná. Un equipo que registraba datos anotó como correcto un pase de tres metros que él consideró malo: la pelota llegó al pie derecho de un zurdo, atrajo la marca y dejó sin aprovechar una opción mejor en diagonal. A su juicio, incluso la efectividad puede ser difícil de cuantificar.

Coltro aportó otro ejemplo: recordó un PSG-Bayern de Champions en el que, según su evaluación, Neymar dominó el partido, pero recibió un 4.7 en una aplicación estadística por desperdiciar ocasiones claras y no intervenir directamente en los goles. También señaló la facilidad con la que los hinchas encuentran cifras en las redes sociales para defender una postura.

Vickery explicó que su análisis sigue partiendo de la formación de los equipos, la identificación de los zurdos y la búsqueda de la idea que cada conjunto intenta desarrollar. No descartó incorporar un enfoque más moderno con números, aunque aclaró que su prioridad sigue siendo entender esas propuestas de juego. Para él, reducir la discusión a quién ganó cada trofeo le quita belleza y fluidez al fútbol.